lunes, 20 de diciembre de 2010

Reseña sobre la película, por Antonio Soriano, profesor de Historia

Reseña sobre “También la lluvia” de Iciar Bollaín

Una invitación a la reflexión después de ver la película

En “También la lluvia” se entrecruza la historia de dos hechos reales lejanos entre sí en el tiempo: el rodaje de una película sobre el descubrimiento de América (es, por tanto, una “película dentro de una película”) y la lucha en contra de la privatización del agua en la ciudad boliviana de Cochabamba en el año 2000. ¿Qué relación guardan estos acontecimientos para unirlos en una película? Aparentemente ninguna; sin embargo, Iciar Bollaín ha sabido unirlos de forma original en esta cinta que, además, nos ofrece varias lecturas interesantes.

Se pueden apreciar dos partes: la primera mitad del film se centra en el rodaje de una película sobre el descubrimiento de América, que se realiza contratando para representar a los indios taínos (los originarios de la isla La Española, donde Colón estableció el primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo) a la población indígena de Cochabamba, que está inmersa en la lucha contra una empresa multinacional que, con la connivencia de las autoridades locales, quiere privatizar el agua y vender este recurso básico a unos precios abusivos para las clases populares.

Si en la primera parte el director, encarnado por Gael García Bernal, aparece como una persona cercana y sensible a los problemas que sufren los indígenas bolivianos, el productor Costa, encarnado por Luis Tosar, se presenta como un “tiburón”, al que los problemas de los indígenas sólo le interesan en la medida en que le permitan acabar la película y marcharse (“Éste nos dará problemas”, dice al principio refiriéndose a Daniel, el líder de las protestas por el agua encarnado por el actor boliviano Juan Carlos Aduviri).

Conforme avanza la cinta, asistimos a la segunda parte, donde el problema del agua cobra protagonismo hasta el punto de trastocar los planes de rodaje de la película, y los papeles del director y el productor se invierten, siendo Costa (Luis Tosar) quien a la hora de la verdad se implica en la guerra del agua ayudando a Daniel, mientras el director sólo quiere acabar la película.

Como profesor de ciencias sociales, en ocasiones intento demostrar a mis alumnos (sobre todo a aquellos que consideran mi asignatura un “tostón”) que la historia es una materia viva, que no está todo dicho y muchos aspectos se someten a la crítica histórica para dar una nueva visión de determinados acontecimientos históricos y, llegado el caso, reinterpretar los hechos a la luz de las nuevas investigaciones. En este sentido,“También la lluvia” nos ofrece una magnífica oportunidad para someter a debate un acontecimiento histórico como el descubrimiento de América, en la medida en que difiere de la versión oficial que nos llegó durante siglos, a veces mitificada, donde se presentaba a los españoles como los valientes que cruzaron “la mar océana” para llevar a los amerindios la civilización, la lengua castellana, salvar sus almas dándoles la oportunidad de abrazar la fe católica y convertirlos en súbditos de los reyes españoles.

En contraposición, observamos en la película un Cristóbal Colón ávido de oro, obligando a los amerindios a lavar lor ríos en busca del preciado metal; aparece con crudeza la desesperación de los indígenas al huir de los españoles.

El personaje que representa a Colón, encarnado por Karra Elejalde, cuestiona incluso la denuncia de los abusos cometidos contra la explotación de los amerindios que hicieron los frailes Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas, presentándolos como simples encomenderos.

Hay que recordar que el famoso discurso de Fray Montesinos en la isla de La Española en 1511, junto con las denuncias de Bartolomé de las Casas y las tesis del teólogo y jurista Francisco de Vitoria sobre los derechos de los indios, sirvieron de base para que Carlos I promulgara las llamadas “Leyes Nuevas de Indias” en 1542, que intentaban proteger a los amerindios frente a los abusos de los encomenderos. En la práctica estas leyes no sirvieron de mucho (“acátese pero no se cumpla” se decía entonces), pues los españoles siguieron cometiendo excesos en su relación con los indígenas americanos pero, al menos, hubo voluntad por parte de la monarquía hispánica de frenar estas prácticas y quedó constancia por escrito. Muy distinta fue la colonización anglosajona en el norte de América pero ése es otro debate que queda fuera de nuestro propósito.

Otro aspecto que destacaría es el papel de Daniel, que lidera las protestas por el agua en Cochabamba y al mismo tiempo participa en el rodaje de la película representando a un indio taíno. En ambos papeles aparece como un líder orgulloso, donde un mismo personaje escenifica la insumisión contra los abusos del colonialismo en el siglo XVI así como también contra el moderno neocolonialismo del siglo XX (tanto el que representa el productor de la película como el de la multinacional que quiere privatizar el agua de Cochabamba). Todo ello en un contexto (el antiguo imperio inca) donde no se puede evitar rememorar a Daniel como un moderno Tupac Amaru, aquel cacique descendiente de los reyes incas que encabezó la mayor rebelión por la independencia del Perú en el siglo XVIII.

En definitiva, creo que “También la lluvia” es una película que invita al debate, a la reflexión en torno al descubrimiento y colonización de América, que induce a pensar en la visión que los propios indígenas americanos pueden tener del descubrimiento de América.

Es también una crítica a la globalización de las empresas multinacionales que practican un neocolonialismo en sociedades depauperadas cuya única alternativa es la revuelta, ya que al tenerlo todo perdido sólo les queda la esperanza de la victoria en una batalla desigual frente a un moderno Goliat.

Antonio Soriano Alcaraz, profesor de historia del IES Benejúzar, (Alicante).

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